sábado, 16 de marzo de 2013

SEPTIEMBRE: Capítulo 6.



Aquel paseo le ha venido muy bien.
Hace un día muy bueno. No hace mucho frío, y el sol brilla en el cielo completamente azul.

Almudena y ella han salido a dar un paseo a eso de las diez y media de casa y han ido a dar un paseo por la playa que se ha alargado más de lo que pensaban.

Mientras caminan por la playa observan cómo cada vez más personas se van asentando en ésta. Casi todos son jóvenes que todavía no han empezado la universidad, como ellas.
Aunque también hay familias con niños que juegan divertidos y algunos extranjeros.
Carlota supone que es normal que a esas alturas del año, a pesar de que ya son mediados de Septiembre, haya algunos extranjeros dado que el tiempo invita a pasar unas vacaciones en esa ciudad costera.

Muchos juegan al fútbol o al voley. Otros toman el sol; y los más valientes se dan un baño en el mar.
Mientras caminan ven un grupo de tres chicos y una chica que están sentados en la arena cantando. Dos de los chicos tocan la guitarra y el tercero canta mientras la chica le hace los coros.
Suenan muy bien, sobre todo el cantante, que además de ser muy guapo, tiene la voz preciosa.
Dejan el tema a un lado y reanudan su tema de conversación anterior.

Almudena es una chica muy simpática y agradable, y la verdad es que Carlota y ella han conectado muy bien desde el principio.

Sin esperarlo, de repente llega un balón de volleyball que las chicas no ven e impacta fuertemente sobre la cabeza de Carlota, haciendo que se caiga al suelo.

Aturdida, abre los ojos lentamente. Le duele la cabeza, pero no sabe qué ha pasado. No recuerda nada y tampoco sabe dónde está.
Parpadea un par de veces rápidamente y ve gente a su alrededor, aunque no les reconoce porque ve borroso. Cierra los ojos una vez más y los vuelve a abrir. Le pitan los oídos y está mareada, es como si todo lo que la rodea estuviese en constante movimiento.
Poco a poco va recuperando la visión y por fin reconoce a la persona que está a su lado: ¡Es Almudena!, pero, ¿Por qué está haciendo esos gestos tan raros? No deja de mover las manos hacia todas las direcciones posibles como si fuese una loca. En el fondo, a Carlota le hace gracia.
Empieza a oír un murmullo de fondo que cada vez se va haciendo más sonoro y claro.
Miles de voces se acumulan en su cabeza, aunque solo distingue el sonido de la voz de Almudena.
-¡Carlota! Carlota, ¿Me oyes?
Gruñe un poco en señal de que entiende lo que ha dicho.
Lentamente se incorpora y apoya los codos en la arena, y para mayor sorpresa se encuentra a su otro lado a... ¿Es él? ¿Está viendo bien? Agita la cabeza de un lado a otro y parpadea abriendo los ojos lo más que puede y cerrándolos fuertemente.
No puede ser verdad, está viendo visiones. Igual le está confundiendo con alguien que se parece mucho. Sí, seguro. Pero se parece tanto... ¿Está segura de quién es la persona que está a su lado?
No se lo puede creer. Menuda mala suerte la suya... A su lado está el chico rubio tan guapo con el que se cruzó en la puerta del portal el primer día que llegó.
En esos momentos Carlota se quiere morir allí mismo. ¡Menuda vergüenza!
No consigue decir nada y mira hacia todos los lados: Se ha formado un círculo de gente curiosa alrededor suyo que murmullan y se miran unos a otros.
Buscando una respuesta, mira respectivamente a Almudena y al chico desconocido que se encuentra a su lado.
-¿Estás bien?
¿Qué ha pasado?
-Te metiste en el campo de juego y te di con el balón. Lo siento.
Por su expresión, no cree que se lo esté diciendo en serio. A decir verdad, parece enfadado.
A pesar de eso Carlota no deja de mirar sus preciosos ojos. Se pierde en ellos, en su color azul cielo. Observa cada una de las facciones de su cara e incluso se para unos segundos a mirar sus finos y rosados labios. No está muy lejos, y puede notar su respiración.
El chico se da cuenta y se aclara la garganta para llamar la atención de Carlota.
-Oye, ¿Estás bien?
Rápidamente sus mejillas se ponen rojas. Ha sido muy descarada. Quizá no debería de haberle mirado tan fijamente durante tanto tiempo.
-Ah, claro, sí.
Almudena la ayuda a levantarse y las dos se sacuden la arena de la ropa.
-Creo que ya va siendo hora de que nos vayamos a casa.
-Sí, es mejor que te tumbes un rato, te va a salir un buen chichón.
-Si queréis os puedo acompañar, no sea que te marees de camino y te caigas al suelo otra vez - Interrumpe el chico.
Ese comentario no le ha gustado mucho a Carlota. Frunce el ceño y dice:
-No, gracias, podremos ir solitas.
No sabe por qué, pero ese chico no le ha caído del todo bien.
-Lo digo de verdad, además yo también debería irme ya.

Después de muchas insistencias al final acceden a que las acompañe, aunque Carlota no de muy buena gana.
Se cruza de brazos y tan solo se limita a caminar en dirección a su casa.
Aún le duele la cabeza.
-Bueno, ¿Y cómo os llamáis?
-Almudena.
¿Y ella...?
-Carlota.
Intenta hacer como que no les escucha mirando las tiendas y supermercados de la acera en la que se encuentran.
Realmente lo piensa y no tiene por qué estar  tan enfadada con ese chico. No sabe el motivo, pero tiene algo que no le gusta.
Intenta olvidarlo, tan solo es un presentimiento de los suyos.
-¿Y tú cómo te llamas? - Dice Carlota metiéndose en la conversación.
-¡Anda, pero si hablas!
-Ja, ja; muy gracioso - Lo mira con una mueca de desprecio.
-Me llamo Nicolás, y siento lo que ha pasado, pero no fue mi culpa que te pusieses en medio y tampoco es mi culpa que te hayas enfadado, solo ha sido un accidente.
No esté contenta con su respuesta y piensa en contestarle, pero prefiere no discutir con él y se muerde la lengua. Total, solo es un desconocido que seguramente no vuelva a ver en su vida...

Cuando llegan a la puerta del portal, Nicolás mira a Almudena y a Carlota un poco extrañado.
-¿Vivís en este piso?
-Sí, ¿Por?
-¡Yo también vivo aquí!¡Qué casualidad!
"Genial" - Piensa Carlota - "Ahora no solo le veré casi todos los días, sino que tendré que fingir que me cae bien porque es mi vecino. Sin duda no he empezado con buen pie aquí; espero que mi suerte cambie..."
-¿Y en qué piso vivís?
-Ático D, ¿Y tú? - Pregunta desinteresada.
-Yo en uno más abajo, en el decimoquinto C.
Abren en silencio y entran. Suben al ascensor y no dicen nada hasta que llegan al piso más alto del edificio, el número dieciséis.
Las chicas salen y Nicolás se queda entra la puerta del ascensor para que no se cierre.
-Oye, ¿Qué os parece si nos vamos esta tarde?
Carlota pone cara de desaprobación, pero Almudena accede sin problema.
-Vale. ¿Dónde y a qué hora?
-¿Paso a buscaros a las seis y media?
-Aquí te esperamos - Sonríen.
Carlota esboza una sonrisa amarga y se da la vuelta en dirección a la puerta del piso.
No está segura de querer quedar esa tarde con él, así que seguramente diga que se encuentra mal para no tener que hacerlo.
Además seguro que a Almudena no le importa, porque se la ve muy sonriente mirando a Nicolás.
El chico es muy guapo, hay que reconocerlo, pero ninguna de las dos le conoce.

Las puertas del ascensor se cierran y relaja los hombros. Ahora que se ha ido está menos tensa. No le da buena impresión, aunque quizá se equivoque...

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